Archivo | 1 de marzo de 2020

La tumba de las luciérnagas (Isao Takahaga, 1988) y la confusión de los niños durante las guerras

Hola amig@s, precisamente este pasado mes de febrero cumple este blog 9 años de vigencia, gracias por vuestras visitas, comentarios e interacciones.

Hace poco tuve la oportunidad de ver la película titulada “La tumba de las luciérnagas”, un filme de animación de nacionalidad japonesa dirigido por Isao Takahata en el año 1988 ambientado en la II Guerra Mundial. Voy a comentar la sinopsis y luego voy a explicar algunas escenas que me resultaron más emocionantes y conmovedoras.

En principio, voy a describir brevemente la sinopsis: Nos encontramos en la II Guerra Mundial (1939-1945), los protagonista Seita y Setsuko, son hijos de un oficial de la marina japonesa que viven en Kobe (ciudad de la bahía de Osaka en Japón central). Un día se lleva a cabo un bombardeo, pero no consiguen llegar a tiempo al búnker en el cual su madre los está esperando. Tras buscar a su madre, la encuentran malherida y a los pocos días fallece. El hermano mayor oculta esta información a su hermanita, con el fin de que no sufra al saberlo. Su única preocupación es mantenerse y salir adelante en colaboración en estos oscuros tiempos de guerra. Ambos se mudan al hogar de una tía de la familia, pero tras encontrarse ademanes de desprecio, robos y humillaciones, el hermano mayor decide mudarse a una pequeña cueva resguardada con una tela, con escasas comodidades, salvo unos pobres colchones y utensilios de cocina.

En su día a día, Seita, el hermanito, abandona la cueva bien temprano para robar y rogar alimentos con los cuales mantener a la pequeña, pues está enferma y desconoce cómo afrontar su problema de salud. Una escena es especialmente conmovedora: el hermanito busca luciérnagas y las esparce por la cueva en la que duermen, tapada con una tela oscura. A la mañana siguiente, la pequeña entierra a estos insectos en una pequeña tumba, Seito le pregunta una cuestión y Setsuko le expresa que está enterrando a estos insectos, al igual que enterraron a su madre, pues descubrió que la estaban enterrando y sus cenizas están resguardadas bajo un mueble de la cueva.

Paulatinamente, la niña va enfermando y va sintiéndose más y más débil. En una ocasión, un adulto encuentra a Seito en pleno acto de robo, tras lo cual lo lleva a la policía, no sin antes propinarle una vil paliza. Seito lleva a su hermana al médico para que le haga un reconocimiento y este le pone de manifiesto la evidente desnutrición que padece y que para ello no existe ningún tipo de medicación. La atienden de forma indiferente, despectiva y casi humillante, pues antes de terminar su consulta pone de manifiesto “que entre el siguiente”.

En esta consulta, le recomienda darle alimentos nutritivos: fruta, verdura, carne y pescado. Lo cierto es que una cajita de caramelos es uno de los pocos alimentos que toman en su día a día. Un detalle que me llamó especialmente la atención fue precisamente la escena en la cual dicha cajita de caramelos está apunto de terminarse, solo queda uno, pero no consiguen sacarlo por el orificio y Setsuko rompe a llorar. De manera que el hermanito echa un poco de agua, mueve la cajita de lata y la hermana bebe, sintiendo el gusto de sabores frutales que desprende el caramelo que queda. Y, hasta el que el sanitario no le pone de manifiesto la importante desnutrición que padece su hermana pequeña, no decide emprender un viaje hasta el banco más cercano, para extraer dinero de la cuenta familiar y poder proporcionale una alimentación de calidad a su hermana.

Su hermanito entra, le comenta que trae alimentos nutritivos: sandía, carne que va a cocinar…, pero Setsuko no tiene fuerzas para ingerir nada más. Le pone de manifiesto estas palabras: “hermanito, come bolitas de arroz, están muy buenas” y el hermanito se descompone al comprobar la realidad y la confusión en la que ha vivido su hermana, como consecuencia de copiar las actitudes de los adultos de su alrededor (por ejemplo, su tía, que cocinaba bolitas de arroz, arroz que les robó cuando forzó que Seito cambie ropa de su madre por kilos de arroz).

A lo largo de la película, se van produciendo una serie de flash backs de momentos del pasado que vienen al presente de ambos hermanos. Y es el último el que me resultó más enternecedor a la par que doloroso. Flash back que se produce al ver que Setsuko da vueltas por el río anexo a la pequeña cueva en la que cohabitan y realiza una serie de acciones que la llevan hasta el trágico final. Con estos momentos me refiero al envenenamiento que ella misma se produce al consumir algo que desconocía que no debía tomar, por ese “juego de niños”. En concreto, durante las salidas del hermanito a buscar alimento y ayuda, la pequeña saluda a las montañas y sale junto al río, toma barro y cocina “bolitas de arroz”, que procede a comer. De ahí su malestar físico y posterior desvanecimiento.

Como expreso siempre, lo importante aquí no es si hago spoiler o no, allá cada uno si quiere o no ver la película. Lo realmente interesante y desgarrador de esta película es comprobar que las guerras las provocan seres humanos crueles y despreciables, a los cuales no les importan los niños y las niñas. Hasta el punto de producir un latente y largo estados de confusión de su realidad, despojarlos de una vida familiar sana, privarles de una alimentación de calidad, educación mínima, como consecuencia de la falta de dinero y de total interés, pues lo importante es vencer. Sin embargo, por aquí defiendo que a los niños y a las niñas no se les toca, no se les destroza ni se les roba su infancia de esta forma tan miserable, rastrera y despreciable.

Después de todo, Setsuko hace lo propio con el cuerpo de su hermana, cuando termina de expirar, la introduce en una pequeña cajita de madera y la incinera, para colocar los restos junto a los de su madre.

Incorporo un fragmento de esta película y os invito a verla completa, pues se trata de una historia bastante dura, emocionante, dolorosa y especialmente cruenta.

Un saludo,