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La dignidad humana en los fascismos

El concepto de dignidad humana se origina de la antigüedad griega, enriqueciendo su significado y alcance a lo largo de la historia, pasando de un concepto vinculado a la posición social, a expresar la capacidad moral de las personas, constituyéndose en un fundamento de los derechos humanos [1]. Durante la etapa clásica no se reconocía el mismo valor jurídico a todos los seres humanos, ni todos los ciudadanos poseían los mismos derechos. Los amos gobernaban a los seres más desvalidos, como es el caso de las mujeres, los niños y los esclavos, quienes se veían sometidos a la voluntad de sus dueños o señores, los únicos que podía disfrutar de derechos civiles y grados de dignidad [2].

La dignidad humana conlleva una obligación de respeto que descarta el tratar a los demás como objetos, además de las relaciones de dominación [3]. Es este respeto hacia el ser humano, el que no apreciamos en algunas producciones basadas en las etapas de auge de la dictadura franquista en España y el nazismo en Alemania. Caracterizadas, sobre todo, por el uso de la violencia.

Un informe de la OMS titulado World Report on Violence and Health [4], expresa que la violencia es el uso de la fuerza, el poder, contra sí mismo, otra persona o comunidad, que produzca lesiones, muerte, daños, privaciones o trastornos de algún tipo. En este sentido, nos encontraríamos con odios prototípicos [5], que vienen a ser odios públicos o políticos y se parecen a los odios indeterminados, ya que conducen al rechazo hacia tipos de personas.

El caso de los fascismos español y alemán era caracterizado por el rechazo a los considerados “inútiles” para el sistema, entre los que se incluirían los republicanos, y éstos a su vez rechazaban a los fascistas; a las personas de otras razas que no fueran la blanca; los pertenecientes a otras religiones, como los judíos, musulmanes; los enfermos; los homosexuales. Además de, no el odio específicamente, pero la consideración de inferioridad de las mujeres, a quienes encomendaban la labor de casarse y ser sumisa al sexo masculino. Y, en general, aquellos ciudadanos que no defendiesen la ideología con la que pretendían adoctrinar a la sociedad, ya que eran designados “traidores de la patria”, un delito tipificado con penas de prisión o de muerte.

Entre los medios a través de los cuales los “inútiles” o “traidores de la patria” intentaban sobrevivir tenemos: el estraperlo, la prostitución, el sometimiento a formar parte de la doctrina nacional católica a pesar de estar en contra, ofrecimiento para trabajar para las grandes fortunas y así garantizarse un sustento, obedecer órdenes de las autoridades políticas y civiles. Además de una práctica para favorecer a estas grandes familias que no tenían posibilidades de garantizar descendencia: la compra de bebés, arrebatados a sus madres apenas llegaban al mundo. Ignorando la dignidad de esas madres y las de los niños, que crecerían entre mentiras. Creyéndose, unas hermanas de la caridad, con derecho a vender un niño sano y creer el hecho de estar haciendo “una buena obra”.

El estraperlo formaba parte de estos períodos críticos de fascismos. En paralelo a los precios oficiales, se generó un mercado al margen de estos, lo que daría lugar a unos entornos de desorden, ilegalidad, miseria, al mismo tiempo que la resistencia y represión. Algunos hicieron de este fenómeno un medio para enriquecerse, mientras que la mayoría recurrió a él para garantizarse un sustento [6], debiendo abandonar su honor, su “dignidad”, para satisfacer las necesidades más básicas, llevando a cabo actividades de todo tipo, ya fuere este estraperlo, como la prostitución. Sin embargo, el poder toleraba cuando este mercado era desarrollado por sus adeptos, mientras que reprimía si era practicado por los grupos más humildes, esas  clases sociales a las que no prestaba interés para construir su proyecto político. Este mercado negro constituyó un instrumento para garantizar la continuidad del régimen: por un lado, complacía a sus apoyos sociales que les prestarían su apoyo, y por otro, quebrantaba a las clases sociales más humildes, identificadas con un pasado comunista [7].

Comenta Kant [8], en su Metafísica de las costumbres, que la dignidad es un derecho y un deber de todo individuo, como miembro de la humanidad. Un valor intrínseco del ser humano, que le otorga derecho a no ser instrumentalizado ni despreciado. El desprecio consiste en atribuir a algo carencia de valor y es este ultraje y humillación el que padecían los considerados inferiores, por no defender unos ideales afines. Sin embargo, puede considerarse desprecio o bien, amor a la vida humana, la compra de bebés en ambos puntos geográficos dictatoriales. Compra y venta, tras las que hemos descubierto que existió todo un entramado de personas que prestaban su conformidad con la venta de la vida humana, como si de un producto de consumo se tratase. Sin embargo, consista en un acto de amor o de desprecio, en Alemania irrumpen voces sobre el caso de los niños fecundados o apropiados por la institución Lebensborn, creada por Himmler durante el Tercer Reich, con el objetivo de facilitar y controlar el nacimiento y la posterior educación de niños arios, engendrados por mujeres seleccionadas para este fin y oficiales de la SS. Para este propósito, se crearon una serie de granjas, en países ocupados, como Noruega, donde nació la escritora Gisela Heidenreich, quien desde 2002 hasta 2011 ha presentado varias novelas en las que relata su traumático pasado y donde encontramos también sus investigaciones sobre los silencios de su familia acerca de su origen y las mentiras con las que creció. Estos niños eran adjudicados a familias, con certificados falsos. Los niños descartados eran enviados a campos de concentración infantiles (Kalish, Dzierzazna y Litzmannstadi) o bien a campos de exterminio. Hace unos años, sale a la luz un trabajo publicado en 2012, titulado Niños robados y adopciones forzadas, su presencia en la memoria colectiva en España y Alemania (Arno Gimber y José Manuel Rodriguez), en el cual los autores comparan las acciones del franquismo con las llevadas a cabo por la República Democrática Alemana para castigar a ciudadanos disidentes [9].

Del mismo modo que la condena de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa a España, en marzo de 2006, a causa de la dictadura fascista. Condena que, supuso un reconocimiento internacional al caso de los niños desaparecidos del franquismo. Retenidos a madres republicanas o solteras, para entregárselos en adopción a familias defensoras del régimen a cambio de una retribución monetaria. Menores, que, en la actualidad ya son adultos, que desconocen su verdadera identidad, y están siendo buscados por familiares, a través de asociaciones y plataformas de colaboración, ya que resulta patente el olvido por parte de las Administraciones del Estado, para cumplir la obligación de reparación e indemnización por los daños ocasionados. A diferencia de Alemania, que ha llevado a los tribunales a los últimos desertores nazis hasta hace pocos años [10].

En principio podríamos comentar la serie Sin identidad, en la que una chica de 27 años tiene conocimiento que es adoptada en una visita rutinaria a la ginecóloga y ésta le comenta los problemas de su madre, que tuvieron que operarla dos años antes de su nacimiento, tras lo que no podía quedar embarazada. Hecho que no le cuadra y llega a la conclusión que fue adoptada. Acude a su padre a pedir explicaciones y le pregunta por qué no se lo dijeron, a lo que él responde: “Y, eso, ¿qué importancia tiene?”. A lo que la chica vuelve a preguntar: “¿Tan denigrante fue mi nacimiento como para tener que ocultármelo toda la vida?”.  Creyéndose con autoridad para no proporcionarle la información de sus padres biológicos.

Entre las producciones que vamos a pasar a comentar, se encuentran, en principio, La voz dormida (Benito Zambrano, 2011), donde apreciamos que las hermanas que bautizan a los niños nacidos en el pabellón de madres, son las encargadas de controlar que las prisioneras obedezcan la palabra del señor y quien no siga ese camino, será agredida, vejada e insultada. Como a una mujer, a quien una de las monjas grita “roja sacrílega, que no te mereces ni el aire que respiras”, obligándola a besar una figura de Dios en la que no cree. Más que prestarles un servicio, observamos un adoctrinamiento forzado. Escena que terminará con la figura en el suelo, rota, y varias monjas y encargadas agreden a esta mujer con una porra, mientras le expresa “puta, vas a arder en el infierno eternamente, con todos los de tu calaña”. Sacan a la mujer del salón y dirigiéndose a todas las demás, la monja les expresa “en este país no habrá paz hasta que todos los rojos estén en la cárcel o muertos”. Finalmente, una de las encargadas que agredió a esta mujer, le entrega a Pepita el certificado de bautismo de su sobrina. Somos testigos de las humillaciones a la vida humana, pero tras el nacimiento se procede al bautismo del bebé, para que comiencen una formación como “buen cristiano”. Ignorando si los familiares tienen esa creencia o si desean iniciar a un bebé en la religión católica. Mientras que se cumple el mandamiento “Amarás a Dios sobre todas las cosas”, se incumple el relativo a “No matarás”, ya que todas las encerradas terminarán asesinadas a manos de los oficiales. No obstante, una de las encargadas, con algo de humanidad, deja que Hortensia abrace a su bebé hasta el momento de su fusilamiento.

Por estas y otras actuaciones, comprobamos que el amor a Dios es superior al de la vida humana, la cual no tiene precio si no profesan la creencia que imponen, por lo que su dignidad e integridad física parece importarles muy poco. Por tanto, consideraban necesario ultrajar a las prisioneras, forzándolas a realizar actos que no deseaban, porque, lo importante para ellas no era la voluntad o el deseo de los seres humanos, sino imponer la doctrina nacional católica, ya que, a su vez, era impuesto por su superior.

También, podemos hablar de Silencio roto (Montxo Armendáriz, 2004), en la que el teniente de la Guardia Civil obliga a un niño, Juan, a cavar una fosa, con una azada, en la que piensan enterrar a su padre. Expresándole que lo deberá hacer cada día, al salir del colegio, hasta que encuentren a su padre, que no va a tardar en caer. Momento que apreciamos varias veces durante la historia y que al final servirá para enterrar a algunos miembros de la familia, pero no a su padre, que permanecerá con su lucha en el monte. De la misma forma que se desprecia la vida de estas personas, se desprecia su muerte, ya que cualquier lugar les parece normal colocar o introducir los cuerpos de quienes no consideran de interés para la sociedad, como vemos también cuando alguien yace muerto bajo una manta, en un lugar cercano a las dependencias de la Guardia Civil. No conocemos quién es, pero a nadie le importa tampoco, los rostros, los nombres y apellidos, nada que esté relacionado con los antifascistas parece tener valor para los defensores de la dictadura franquista. Son sus objetos, a través de los cuales conseguir su objetivo: imponer la voluntad del dictador, para así terminar con cualquiera que no obedeciese el orden nacional católico.

Como observamos igualmente en El laberinto del Fauno (Guillermo del Toro, 2006), que se repudia a las víctimas del franquismo, por motivos de religión e ideologías, que alejan a las personas. Al comienzo de esta historia, una voz nos relata la huida de una princesa de un mundo subterráneo y por un momento apreciamos unas imágenes de unas vértebras abandonadas, ubicadas en las ruinas de Belchite [11], de forma cruel e inhumana. De la misma manera en que fueron enterrados los cuerpos de las víctimas de la Guerra Civil y posterior dictadura, en fosas comunes, sin merecimiento, por parte de las autoridades, de una dignidad o respeto, porque según su opinión, ese mérito solo lo podía disfrutar los vencedores. Hacia el final de la historia, el oficial del ejército franquista, el marido de Carmen, le expresa al médico que si tiene que escoger, salve al bebé. Ha cuidado a mujer durante su embarazo, forzándola a moverse en silla de ruedas, solo para proteger al niño que llevaba en su interior. Sintiéndose con autoridad para proponer, más adelante, la muerte de uno u otro. Aunque, al descubrir las acciones del doctor, que ha estado ayudando a los republicanos en el monte, procede a quitarle la vida, antes del alumbramiento. De igual forma que, con un tiro, termina con la existencia de Ofelia. Una criatura que no ha tenido culpa de ningún hecho en esa España de dolor y sufrimiento. Ha vivido alejada de odios, rencores o conocimiento de vencedores y vencidos. Simplemente se dejó llevar por su imaginación infantil, como forma de escape de ese mundo de  resentimiento y enemistad causados por las ideologías o repulsiones a determinados colectivos sociales. De la misma manera que podemos apreciar en La lista de Schindler (Steven Spielberg, 1993) cuando el cuerpo de una niña con chaqueta roja es trasladado en una carreta, entre escombros, por prisioneros de los campos, obviando que se trata de una niña de corta edad, ajena a las ideologías extremistas, cuyo único objetivo es protegerse de la contienda.

Extremismos como el de el maestro Enning, en la película Alemania, año cero (Roberto Rossellini, 1948), cuando, tras la Guerra, influye a Edmund, expresándole que los inútiles y enfermos son una carga para el sistema, ya que solo los fuertes vencerán. Siguiendo esta idea, el niño envenena a su padre, y mientras se produce la agonía, no puede mirarlo a los ojos, baja su mirada, ya que no encuentra la valentía para hacerlo. Tras el fallecimiento, los residentes del condominio se plantean qué hacer con el cadáver, si quitarle la ropa o introducirlo en un saco, para sacarlo del lugar. Tras la destrucción de las infraestructuras urbanas durante la II Guerra Mundial, se ha provocado también la pérdida de humanidad y respeto al cuerpo recién fallecido de una persona, que pretenden introducirla en un saco, como si de un objeto se tratase. O quitarle la ropa, para quedársela entre todos, ante la ausencia de recursos para sobrevivir, y con la que podrían obtener algo de dinero para comprar en el mercado negro. Finalmente, el niño se dejará caer por unas ruinas, bajo las que yacerá sin su familia, que no estuvo ahí para educarle en valores de tolerancia y respeto. No les proporcionaron esa confianza, para poder revelarles las ideas que el maestro le estaba enseñando y poder corregirlas. Lo vivió en silencio, hasta que no pudo con esa carga sobre su conciencia y decidió salir de ese mundo de la caridad, la ignominia y degradación humana. Sin embargo, a diferencia de los casos anteriores, a Edmund no le quitaron la vida por odios e ideologías, sino que prefirió desaparecer por voluntad propia, por negarse a pertenecer a ese mundo. Decisión, tal vez, influida por las acciones recomendadas por otros, pero con la que reflexionó sobre cómo reparar un daño atroz. Quizás, después de asesinar a su propio padre, algo surgió en su interior, para descubrir que no podía vivir con dignidad con ese acto en su conciencia. A su corta edad, asumió su culpa, a diferencia de aquellos adultos, que asesinaron a cientos de personas, por adorar a una persona que les imponía una doctrina, como tenemos en El niño con el pijama de rayas (Mark Herman, 2008), en la que alguien con la cara cubierta les lanza los polvos con los que van a ser exterminados. Varios planos consecutivos recogen esa frialdad con la que el oficial terminará con sus vidas y los ojos de sorpresa de Bruno durante ese instante. O Amén (Constantin Costa-Gavras, 2002 ),  donde se planeaba el asesinato de miles de personas, gaseados en las cámaras de gas de los campos, donde llegaban en trenes, a ser explotados a trabajar o a morir directamente. Fueran niños, mujeres, enfermos…, con médicos, que experimentaban con ellos, o monjas que eran testigos de todo por estar de acuerdo con el sistema o, quizás, forzadas a ello. A pesar de que religiosos llegaban al Vaticano a informar de lo que sus ojos habían visto y eran ignorados.

Hasta aquí, espero haber movido un poco la reflexión acerca del concepto de dignidad humana y el uso que se le hace al mismo por parte de los diferentes sectores de la sociedad en las películas mencionadas, basadas en la etapa histórica de su apogeo. Algunas de las producciones mencionadas son basadas en aquellos contextos, realizadas años después, aunque Alemania, año cero (Roberto Rossellini), 1948 se rodó en los escenarios originales, de Alemania, destruidos por la II Guerra Mundial. Conflicto, que provocó esta destrucción tanto a nivel de infraestructuras materiales de un país, como a nivel de la moralidad y dignidad humanas.

Referencias:

1. Martínez Bullé-Goyri, Victor M. Reflexiones sobre la dignidad humana en la actualidad. Biblioteca jurídica  virtual del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM,  nº 136, 2013, p. 39.

2. Boladeras, Margarita. Vida, vida humana, vida digna. LOGOS. Anales del Seminario de Metafísica. Vol. 40 (2007), p. 105.

3. Pereira-Menaut, Antonio-Carlos y Pereira Sáez, Carolina.  De nuevo sobre la dignidad humana. Cuadernos de Bioética XXV 2014, 2ª, p.   p. 241.

4. Colina, Carlos. Las paradojas del odio. Razón y palabra, nº 71. (2010).

5. Op. cit. Colina, Carlos.

6. GÓMEZ OLIVER, Miguel., y DEL ARCO BLANCO, Miguel Ángel. El estraperlo: forma de resistencia y arma de represión en el primer franquismo.  Ediciones Universidad de Salamanca, nº 23, 2005, p. 181.

7. Op. cit., GÓMEZ OLIVER, Miguel., y DEL ARCO BLANCO, Miguel Ángel, p.199.

8. Op. cit., Boladeras, Margarita, pp. 106-107.

9. Wamba Gaviña, Graciela. Discursos de la memoria, holocausto y apropiación de hijos, nazismo y dictadura en Argentina. Puertas Abiertas (7). 2011, En Memoria Académica. En Memoria Académica. Disponible en: http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/art_revistas/pr.5732/pr.5732.pdf

10. Rodríguez Arias, Miguel Ángel. 2008, El Caso de los Niños Perdidos del Franquismo. Crimen Contra la Humanidad, Tirant lo Blanch, España. En: http://dialnet.unirioja.es/servlet/libro?codigo=336874

11. Nicolás Messeguer, Manuel. Criaturas de la guerra. Memorias traumáticas de la Guerra Civil en el cine español contemporáneo. Aletria, nº 2,  v. 23, 2013, p. 53. Según indica este autor en la publicación.

El resplandor, Stanley Kubrick, 1980

A fecha de hoy,  26/11/2015, tras unos nuevos descubrimientos después de releer los detalles de esta película, actualizo la información para incorporar nuevos datos, algunos los he descubierto en algunas webs, pero se recogen, igualmente, en este documental que lleva por título Habitación 237, dirigido por Rodney Ascher, esclaredor de muchos de los detalles importantes de la película y que no dejan pasar la oportunidad de descubrir un poco más la mente de este gran director que es (fue) Stanley Kubrick, aunque excesivamente metódico, minucioso,

 

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A partir de aquí abajo, forma parte de comentarios anteriores, de las primeras visualizaciones de la película.

Película dirigida por Stanley Kubrick,  basada en la novela homónima de Stephen King.

En un principio la familia está de acuerdo con la mudanza al hotel, para cuidarlo mientras los trabajadores no se encuentran, por lo que ante la soledad, Jack puede redactar su libro con total concentración, piensan que el lugar será muy bonito, pero todo va cambiando con el paso de las semanas y los meses debido a la actitud de Jack, su aislamiento ante la imposibilidad de salir del lugar, como consecuencia de la nieve, que bloquea el acceso, y debido a lo que unos inquietantes trastornos en su mente varían su personalidad, provocan en él el uso de la violencia extrema hacia su alrededor. Comienza a notarse insomnio provocado por sus propios fantasmas interiores que no lo dejan tranquilizarse, ni relajarse mientras trabaja escribiendo su libro. Detrás de la línea dramática principal, vemos otra serie de representaciones simbólicas, indicios subliminales, crítica socio histórica e indagaciones de índole psicológica en torno a la naturaleza del ser humano y del mal.

Wendy es una mujer vulnerable y débil ante su marido, en este sentido, Kubrick nos resalta el machismo como una de las manifestaciones de las relaciones de poder amo-criado. En algunas ocasiones, para poder verla realmente aterrada o humillada, comentan algunas fuentes que el director la humilló en público delante de los compañeros de la película. Se dice que la escena en la que la vemos retroceder las escaleras con el bate de béisbol ante el ataque de su marido, ha sido una de las secuencias que ha exigido más tomas a un director.  A Dany lo podemos ver como un niño sensible, con percepción extrasensorial, quizás un sexto sentido que le manifiesta muchas cosas que ocurrieron o van a ocurrir, llegando a sentir pánico ante la actitud de su padre, por las premoniciones que va teniendo y sucediéndose en su mente.  Jack es un hombre que sufre una serie de cambios en su personalidad debido a la incomunicación, el alcohol, el aislamiento, conversaciones que tiene con supuestas personas del hotel, que tal vez solo existan en su mente.

En las primeras escenas, vemos el niño frente al espejo, hablando con su dedo como amigo imaginario, pensamos que él mismo se pregunta y se contesta que quiere ir al lugar pero de pronto comienza a tener una sensación extraña, unas alucinaciones, una serie de imágenes que le rondan a la cabeza, digamos que pálpitos. Posteriormente vamos descubriendo que el niño tiene como un poder mental, presiente muchas cosas que han pasado en ese lugar, unas sensaciones extrasensoriales horripilantes del hotel, como  dice al cocinero afro-americano con quien mantiene una conversación: “un amigo que vive dentro de mí me dice muchas cosas que no puedo contar a nadie”.  Dick explica a Danny que él y su abuela compartían esta habilidad telepática, a la que él denomina “el resplandor”. El niño pregunta si hay algo de lo que deba temer en el hotel, especialmente sobre la habitación 237 y el señor le confiesa que el hotel en sí tiene resplandor y guarda muchas historias, aunque no todas son buenas, pero bajo ningún concepto debe entrar en esa habitación. A lo que no hará caso, entrará y se llevará una sorpresa nada agradable, saldrá con una serie de heridas y un poco traumatizado ante lo que sus ojos observan en ese cuarto, en el que, quizás, habita unos fantasmas o los fantasmas se produzcan en su mente, pero no es nada normal, ya que si realmente fueran personas se harían notar en el resto del hotel, no solo en el interior de esa habitación. Luego, Jack acude a la habitación 237, en la que, supuestamente, una mujer ha hecho daño a su hijo y se encuentra a una joven a la que besa, que sufrirá una metamorfosis y se convierte en una anciana decrépita, aunque más tarde se lo niega a su esposa y expresa que no ha visto nada.

Podemos ir percibiendo que Jack va perdiendo los nervios durante una serie de situaciones hasta hace poco, se sucedían de forma normal, pero comienza a pronunciar palabras inquietantes, quedando su esposa anonadada y totalmente en estado de pavor, junto a su hijo. Los ojos del marido nos perturban cuando se para a mirar algo fijamente y la música nos acentúa el momento, no sabemos lo que está pensando, nos llena de miedo y angustia nuestro desconocimiento de aquéllo que se acentúa con la música y pasa por su mente. Su risa irónica y sus miradas penetrantes con esos ojos, nos atemorizan.  La esposa se encuentra incapaz de salir de ese lugar debido a las características de su emplazamiento, y a que el marido se ha encargado de romper toda comunicación con el exterior, como la radio y el teléfono.

Los diferentes paseos del niño en el triciclo por los pasillos del hotel nos van angustiando cada vez más. La imagen de las gemelas asesinadas que vemos cuando el niño se para delante de la habitación 237, nos sobresalta un poco. Imagen que se repite en más de una ocasión, pero posteriormente le hablan, quizás su mente las percibe asesinadas en el pasillo rodeadas de sangre junto a un hacha durante unos segundos, además, las palabras de las niñas nos ponen la piel de gallina. En otro momento, apreciamos al niño tumbado en la cama, que se le aparecen en la mente la palabra “murder”,  “asesinato”, y enseguida ve en su mente una riada de sangre que se introduce a lo largo del pasillo, reaccionando en forma de grito.

Vemos una secuencia, en la que el señor que habló con el niño en un principio, tiene una extraña sensación mientras ve la televisión, y en el siguiente fotograma apreciamos al niño asustado y temblando, que se puede tratar que, de forma inconsciente, esté manteniendo una conexión con el señor afroamericano, solicitando su ayuda, tal como le comentó anteriormente, en forma de “resplandor”. Este señor llama al hotel y el teléfono no se encuentra disponible y consigue llamar a la policía para que se ponga en contacto con el hotel por radio, pero al estar averiada la radio, es imposible, por lo que emprende un viaje hasta llegar al lugar donde presiente que algo malo está ocurriendo.

La espeluznante conversación del camarero con Jack en el baño pone la piel de gallina, empiezan a tener importancia en la agresividad física que comenzará a tener con su hijo y su esposa.  El camarero menciona la figura del cocinero afro-americano, denominándole despectivamente “un negro”, con quien Dany guarda esa telepatía, y hacia el que el camarero, con sus opiniones  se refiere para hacer crecer más el odio en Jack, para que según él “de su merecido a Wendy y Dany”, quienes, a su juicio, no quieren que progrese en su trabajo. Por tanto, el esposo comienza a ver a su esposa y su hijo como unos enemigos, que se interponen en el camino de su éxito como escritor.

Tras golpear Wendy a Jack con un bate de béisbol, lo encierra en una habitación para que no salga, pero se da cuenta que tanto el coche como la radio no funcionan.  El camarero con el que habló en el baño, ahora lo reta a que de su merecido a su esposa y su hijo, pero en ningún momento lo vemos, está fuera de campo y al no verlo en ningún momento durante la conversación, nos podría dar la sensación que se trata del recuerdo de lo que se produjo en aquel baño.

Mientras la madre duerme, el niño coge el cuchillo y un pintalabios, con el que pinta en la puerta “redrum”, al revés “murder”, asesinato. En ese momento la madre se despierta, oyen los hachazos que está dando el padre en la puerta, coge el niño y se encierran en el baño. El padre se comporta presenta las características propias de un neurótico, quizás, psicópata con mirada de asesino que nos refuerza la sensación de angustia, inquietud, ansiedad e impaciencia, con ansias de que el final nos rebele cómo terminará todo.

El señor, tras muchos esfuerzos en la carretera, consigue llegar al hotel, y Jack, con un hachazo, le arrebata la vida sin más dilación.  La madre sube las escaleras y las sombras, mientras, nos perturban, al mismo tiempo que los sonidos nos inquietan. En una de las habitaciones ve a un señor tumbado en la cama junto a otra persona con un disfraz, una escena algo surrealista, quizás onírica. Perturbada, desesperada, corre por los pasillos, pero de pronto, se queda aturdida al ver el río de sangre que sale por unas puertas. Mientras tanto, el niño sale de la casa  y el padre va tras de él, con un hacha en la mano. Se adentran en el laberinto de arbustos, abarrotado de nieve, y el padre sigue las huellas, pero Dany consigue despistarlo.

Los diferentes planos subjetivos de los distintos momentos a lo largo de historia, nos introducen en la mente de Jack, cómo va percibiendo las cosas en función de lo que las voces y presencias, le van manifestando, variando su conducta. El penetrante blanco de sus ojos nos va reforzando esa sensación de perturbación y pánico, no consigue salir del nevado laberinto, pero la imagen final nos deja consternados, una imagen indescriptible que nos deja sin palabras, mejor verla, porque provoca unas sensaciones imposibles de calificar.

Desde el principio hasta el final vemos una serie de movimientos de cámara, tanto panorámicas por los paisajes a través de los cuales conduce el coche, filmado mediante tomas aéreas, además de movimientos de travellings hacia adelante por los pasillos o los recorridos por el laberinto hacia adelante, hacia atrás…, que nos van inquietando y nos va despertando el nerviosismo propio de un thriller psicológico.  La iluminación y los colores de las habitaciones, los pasillos, nos refuerza más la sensación de excitación, por los colores llamativos de las alfombras, frialdad, debido a la nieve.

Es preciso destacar también, la presencia de imágenes, fantasmas, que no sabemos si están en la mente del niño o se trata de fantasmas que rondan por el lugar y quizás emanen de la espiral de violencia y terror que radican en el lugar, como consecuencia de un posible asesinato en masa, que se vuelve a repetir entre estos nuevos inquilinos del hotel, debido a su emplazamiento alejado, aislado, con influencia maléfica, del que resulta imposible huir.

Nos provoca sensación perturbadora el momento en que el camarero expresa: “yo no he sido vigilante aquí nunca, ha sido usted de toda la vida, yo a mis hijas y mi esposa les di su merecido porque no me dejaban hacer mi trabajo”. Lo que nos hace reflexionar y desconocer en qué época ha transcurrido la historia, si el protagonista estuvo antes en el lugar, el por qué de esas fotografías si en el hotel no ha estado nadie desde que se fueron los empleados y lo dejaron a él a cargo (se dice, que el director confesó, que el de la fotografía no es Jack sino de su antepasado), el por qué de la fiesta con toda esa gente en el salón del comedor si no había nadie en el hotel, el por qué de la pareja que se encuentra en la habitación, uno de ellos disfrazado, el por qué si, realmente el camarero de la barra era testigo de tanta violencia de Jack con su familia no hacía nada por impedirlo, ¿existía realmente o era un fantasma de su mente?

Apreciamos esas dualidades en los personajes, el Jack pacífico al principio y el Jack neurótico del final; esa Wendy sumisa y frágil al principio y fuerte, capaz de dar un cuchillazo a su marido cuando intenta entrar al baño dando hachazos; el Dany sensible del principio que piensa que dentro de él tiene a alguien que le habla, y el Dany del final que ve en su mente los más horripilantes de los sucesos habidos y por haber, pero que consigue escapar de su padre, adentrándolo en el laberinto; el camarero que lo acompaña al baño tan amablemente pero que resulta ser quien asesinó a sus niñas en el hotel, las diferentes mujeres que se encuentran en la habitación 237…

Tras la línea argumental principal, son muchas las cuestiones que nos vamos planteando por las representaciones simbólicas que contiene. Hasta aquí en cuanto a lo que he examinado años atrás, pero retomando de nuevo la película, podemos continuar explicando estos simbolismos en múltiples detalles como el jersey de Dany, que indica “Apollo 11, USA”, con un cohete, que recuerda a la misión de la NASA, para lograr que el ser humano pisara la luna, cuya trama podemos apreciar en la película que rodó Kubrick en 1968 “2001: Odisea en el espacio”. La imagen de las gemelas está inspiradas en una fotografía de 1967, titulada “Gemelas idénticas”, de Diane Arbus, fotógrafa y amiga de Kubrick. Una camiseta de Jack lleva escrito “NOTGNIVOTS”, que al revés es Stovington, el nombre de una escuela de prestigio que aparece en la novela de Stephen King en la que se basa esta película. En una ocasión, Jack menciona que no puede dormir porque tiene insomnio, según algunas fuentes, Stephen King llegó a padecerlo. Además, siempre que Jack conversa o trata con un fantasma, aparece un espejo en el que se refleja. Cuando la señora está tras la cortina de la bañera, puede tratarse de una referencia a la película de Hitchcock “Psicosis”. Al mismo tiempo que “redrum” es asesinato al revés “murder”, que pronuncia varias veces y pareciera que dice “red room”, “habitación roja”, esto es, el cuarto de baño rojo. Durante otro momento, vemos que la esposa se acerca a Jack, mientras está escribiendo, para comentarle que el hombre del tiempo ha pronosticado nieve esa noche y él pregunta “¿y qué se supone que debo hacer yo? Palabras un poco distantes, pero lejos de centrar nuestra atención en las mismas, podemos fijarnos en el detalle de la silla que se encuentra pegada a la pared, que aparece y desaparece por instantes, en los cuales se lleva a cabo la conversación, mediante un plano contraplano. Podríamos pensar que se trataría de un fallo de raccord, si no conociéramos la perfección con la que trabaja Kubrick, que, lejos de ser un error, lo podría haber hecho para que el espectador percatase que una presencia se encuentra entre ellos y coloca este elemento.

Finalmente, el director hizo repetir las tomas de algunas escenas en más de 100 ocasiones, como cuando Jack asoma la cabeza por la puerta del baño, entre otras, quedando los actores cansados y, además,  se dice que la actriz principal necesitó ayuda por una crisis nerviosa tras el rodaje.

Inclusive, Kubrick realizó dos versiones de la película, una con una duración de 140 minutos original y otra de 119 minutos, a Europa llegó una versión para televisión con una duración de 114 minutos y a Japón con una duración de unos 154 minutos.  La Warner Brothers tuvo problemas para estrenar en algunos países, como el caso de Corea del Sur, donde está prohibida, además en Australia, Argentina, Finlandia, Italia, Noruega, Suecia, Holanda, Alemania censuraron algunas escenas y en Gran Bretaña fue clasificada como X hasta 1986, después cortaron algunas escenas.

El final de la película dio lugar a múltiples interpretaciones, aunque el director nunca refutó ni admitió ninguna como la “correcta”.

Bibliografía:

www.filmaffinity.com

http://www.alohacriticon.com/elcriticon/article1068.html/

www.fotogramas.es