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La importancia del tiempo: Un día inesperado.

Un día inesperado (Gil Junger, 2004) es una producción, quizás con malas opiniones, con comentarios de algunos “críticos” de medios de comunicación que, más que sacar a relucir lo bueno o malo que tiene, se quedan en lo superfluo con expresiones del tipo “no queda claro a qué género se apunta”. Tal vez, para el tema que vamos a tratar, haya otras películas que ejemplifiquen mejor este tema. En mi opinión, no merece una concepción tan simple de buena o mala o quedarse con el género en que se apunta. Creo que va un poco más allá, aunque, un poco comercial, drama romántico o la adscripción al género que cada uno interprete, esta película nos viene a ofrecer una visión de lo que significa el tiempo. Mezcla lo real, la vida de los personajes, con lo onírico, sus sueños, mediante una serie de flash back, recuerdos del pasado, por instantes, o flash forward, en los que se vuelven a repetir en el futuro las acciones que vivieron en sus sueños. Y, con todo esto, la importancia del tiempo, el tiempo que va, viene…, sin pensarlo y sin que percatemos. A veces queremos a las personas, tenemos una serie de sueños, ilusiones por cumplir, tenemos un día a día, unas obligaciones y responsabilidades, pero si realmente mañana se nos acabase la vida, llevaríamos a cabo una serie de acciones totalmente diferentes a las que realizamos comúnmente, y si pudiésemos volver atrás, seríamos conscientes y le daríamos más importancia a los temas que realmente la merecen.

Nos transmite la idea de que vivamos el día como si fuese único, como si se fuese a acabar mañana, expresar lo que realmente sentimos a los demás, ya que realmente nos sentiremos satisfechos y mejor con nosotros mismos.

 

 

Cine de sueños, sueños de cine

En una canción de Luis Eduardo Aute, cuyo título es “Cine, Cine”, oímos la frase: “Todo en la vida es cine, y los sueños, cine son”. Partiendo de estas palabras e indagando sobre películas en las que el sueño forma parte primordial en la historia, nos encontramos con numerosas y brillantes historias que nos hacen reflexionar sobre la función del cine ¿Es solo un acto social o tiene una función pedagógica? ¿Qué esconden los sueños?
En el terreno de los sueños, el cine nos incita a preguntarnos el por qué, qué nos pretende transmitir. Tal vez, pretenda mostrarnos que los sueños se pueden hacer realidad, al igual que se llevan a cabo en las innumerables historias. Sueños, tanto de amor, como de asesinato, de risas y de llantos, de entierros y fiestas. Cine, como la vida misma.
La vida filmada en un soporte de material, llamado nitrato de celulosa, o bien en digital, como se suele hacer actualmente, para ahorrar en gastos y en tiempo de producción.
Como ejemplos de sueños en el cine, podemos mencionar Fresas Salvajes (Ingman Bergman, 1957), La infancia de Iván (Andrei Tarkovsky, 1962), Ocho y medio (Federico Fellini, 1963), La semilla de diablo (Roman Polanski, 1968), Los sueños de Akira Kurosawa (Akira Kurosawa, Ishiro Honda, 1990), La trilogía Matrix (Hermanos Wachowski, 1999-2003), Camino (Javier Fesser, 2008), Cisne negro (Darren Aronofsky, 2010), Origen (Christopher Nolan, 2010).
Detrás de estos sueños, y otros muchos, hay un mundo de reflexión y aprendizaje para la vida. Aprendizaje que hace al ser humano reflexionar acerca de sus objetivos, su proyecto de vida, su dignidad, su juventud, su vejez, sus posibilidades, sus fuerzas, sus debilidades, sus egoísmos, sus odios, su vocación, su respeto a sí mismo y hacia los demás…, y un sinfín de cuestiones que pueden emplearse para enseñarse a uno mismo qué camino desea tomar, y acercarse a la conciencia y la crítica de la sociedad, para avanzar en el conocimiento, la ciencia, la vida.
Abrir las mentes, opinar temas que nos rodean, problemas, religión, política… No se trata de “quejarse” como dirían algunas personas, sino extraer de nuestro interior esa rabia y hablar, porque en silencio no se llega a buen puerto. Eso de decir “es lo que hay”, “no hay otra cosa”, “la política la hacen otros”…, mientras esos otros nos roban, nos ignoran, nos ningunean y nos chulean, es mejor dejarlo a un lado, porque no trae positividad ni lleva a la felicidad, solo a la resignación, pasividad, conformismo. Pero, mientras haya vida, hay ilusión, esperanza, para luchar por nuestros derechos. Sin embargo, no debemos dejarlo solo en sueños, debemos hacerlo realidad.
Os adjunto algunos videos de las producciones mencionadas anteriormente, que se basan en los sueños, espero que os guste y os hagan reflexionar.

Ocho y medio, Federico Fellini, 1963.

Fresas Salvajes, Ingman Bergman, 1957.

La infancia de Iván, Andrey Tarkovsky, 1962.

Matrix, Hermanos Wachowski.