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Ana y los lobos (Carlos Saura, 1972).

Este comentario, intenta analizar algunas cuestiones de la película Ana y los lobos. Comentario en el que se intenta interpretar algunas imágenes del contenido audiovisual de la historia, sometido a mi visión, pero que no se trata de nada objetivo, universal e irrefutable, solo un intento de explicación.
Una película que menciona la guerra civil española en varias ocasiones. Guerra, que provocó perversiones mentales y aterradoras en la sociedad. El ritmo de la historia es lento, como la impresión social de lentitud ante la dictadura, que parecía no iba a terminar nunca.
Esta producción fue rodada en 1972, cuando todavía estaba en auge la dictadura franquista en nuestro país. La historia nos presenta a unos hermanos: José, pobre de espíritu, colecciona trajes militares. Fernando, persigue incansablemente la unión con Dios. Juan, escribe cartas eróticas a la nueva muchacha que llega a la casa. Ana, inglesa de 25 años, muchacha contratada para cuidar de las niñas, nietas de la matriarca, que no camina. Las otras muchachas que cuidan la casa, la mueven sentada en un sillón.
Ana se encuentra en una atmósfera inquietante y extraña, en la que intenta seguir la corriente a los tres hermanos, cada uno de ellos marcados por patologías enfermizas. Sentirá miedo, y tras discusiones, peleas y trifulcas, sentirá deseos por irse del lugar. Lo que marca este miedo es el momento es que las niñas encuentran en el campo una de sus muñecas enterrada y torturada. El padre de las niñas no le dará importancia a lo sucedido. Sin embargo, Ana le expresará que quiere saber la verdad del asunto o se marchará.
Los hermanos no salen del entorno, no van al pueblo, a la ciudad. Encerrados en el campo y en la casa, sin acudir a la civilización. Ante esta ausencia del resto de la sociedad, podemos decir que se intenta remarcar la soledad que provocó la guerra, y la que está generando la dictadura. O bien, que el poco contacto con el exterior, provoca una patología mental en quien está mucho tiempo sin relacionarse, encerrado…, y sentirá deseos de violentar y asesinar, como podemos ver años más tarde en otras películas, como por ejemplo, la estadounidense El resplandor (Stanley Kubrick, 1980), cuyo protagonista sentirá deseos de asesinar a su mujer e hijo, al no poder salir del hotel que se encuentra vigilando mientras escribe su novela.
La matriarca expresará a los hermanos que es mejor que Ana se vaya, porque está destrozando la relación familiar, ya que la esposa de uno de los hermanos intentará arrojarse desde el tejado de la casa.
Lo terrible de esta historia es el final. Inquietante, cruel, doloroso. La muchacha decidirá irse, pero entre los hierbajos del campo, los hermanos la acorralarán y la violarán cada uno de ellos, cortándole el cabello con unas tijeras, y finalmente, asesinándola con un tiro. Final cruel, pero que podría simbolizar que, ante la ignorancia de Ana a los deseos de cada hermano, prefieren terminar con su vida, ya que la mujer en esta época estaba sometida a las pretensiones del sexo masculino, y no poseían libertad.
Un discurso cinematográfico en el que, como decimos anteriormente, se menciona la guerra civil. La cual podemos interpretar como la principal causa de las patologías enfermizas de los tres hermanos, protegidos por la madre. Convirtiéndose en lobos, ya que persiguen a Ana, le envían cartas expresándole sus deseos sexuales, no le dejan libertad, actúan como animales buscando su presa, a la cual violentarán, y con la que saciarán sus perversiones y depravaciones mentales.
Os adjunto un fragmento de algunos momentos de la película, algo doloroso para sensibles, como yo. No espero que os guste, porque no es agradable visualmente, pero sí que reflexionéis acerca del mensaje que creo que se pretende transmitir.

Fresas salvajes, Ingmar Bergman

Esta película es uno de los pilares del cine de Ingmar Bergman.   Este maestro del cine posee una determinada manera de realizar la puesta en escena, unos personajes muy parecidos, alusión a los mismos temas…  El estilo de Bergman, está más relacionado con el arte escénico, dando más importancia al rostro y la expresividad de los actores. Muchos lo consideran el paradigma del existencialismo filosófico llevado a la pantalla. Ahonda en sus películas sobre la reflexión de la existencia del ser humano, temas universales como la vida, el amor, la muerte, la soledad, la creencia en Dios. Sus películas están llenas de preguntas sin respuesta. Bergman desarrolla una poderosa abstracción lírica, para recrear una cautivadora historia de la memoria y de la existencia del ser humano, desde la alucinación y el onirismo, con un recuerdo al director sueco Victor Sjöström, maestro del cine mudo, influencia también para el propio Bergman.

Fresas salvajes cuenta la historia de dos viajes paralelos, por un lado un viaje físico, el que realiza en coche el profesor desde Estocolmo hasta Lund, donde va a recoger el premio que lo nombra doctor honoris causa; el otro de los viajes, es interior, el que el profesor emprende durante el recorrido, un viaje interior que llevará a cabo explorando y analizando toda su vida, su camino recorrido y sus relaciones frustradas con la gente de su alrededor.  Borg, decide emprender este viaje, asustado tras haber tenido la noche anterior una pesadilla en la que contempla su propio cadáver dentro de un ataúd.  La escenificación de este sueño es uno de los momentos más espeluznantes de todo el film. Las imágenes de esta secuencia, las podemos ver con una iluminación contrastada con un carácter expresionista. En este sueño, podemos ver que Borg camina por una calle solitaria, donde las ventanas están tapadas y un reloj sin agujas cuelga de la pared, igual que el reloj que coge de su bolsillo. Se trata de un símbolo, símbolo del tiempo detenido que precede a su muerte, tiempo que pierde todo sentido. En ese momento, pasa un carro movido por caballos, choca con una farola, una rueda se sale (aquí vemos un homenaje a La Carreta Fantasma de Sjöström), se cae la ataúd en el suelo, el doctor se acerca y nota que la ataúd se ha abierto, en ese momento, la persona que hay dentro  de la ataúd saca su mano, y el doctor percibe que se trata de él mismo, está contemplando su propia muerte, este transeúnte le coge su mano, el doctor se derrumba y en ese instante, se termina la pesadilla.

Los temas que marcan este drama psicológico, son la vejez, el aislamiento, la muerte, el amor, la vida, los conflictos que conforman nuestra vida actual, con algunos momentos de humor en la interacción del médico con su ama de llaves.

Mediante una serie de imágenes, vamos acompañando al profesor en un viaje externo e interno, percibiendo sus fresas salvajes en un sendero rodeado de simbologías que busca configurar el sentido del protagonista, retratando sus emociones, a base de momentos casi surrealistas con flash backs y la presencia del presente en el pasado, silencios evocativos, asombrosos sueños que se producen en impresionantes secuencias, conversaciones que apelan a las emociones, encuadres muy expresivos y sensibles planos cortos.  A lo largo del viaje, el profesor se irá conociendo a sí mismo, interiormente, y esto le enfrentará a verdades algo desagradables sobre su personalidad. Durante toda su vida, ha intentado encontrar un sentido racional a su existencia, rechazando todo sentimentalismo y centrándose en el pensamiento filosófico para dar respuesta a sus miedos. Más que atractivo, es un señor antipático que trata de huir de su miedo a una muerte que se le avecina. Se siente solo y aislado, y esta soledad es la que le lleva a plantearse la importancia del amor a las personas de su alrededor, tal y como le ocurría a Charlotte en Sonata de otoño. La soledad es el gran tema en Fresas Salvajes.

Los personajes que aparecen en esta película son numerosos, pero el peso de la historia recae en tres de ellos. Aparte del doctor Isak, serán dos mujeres las que protagonicen el retrato realizado por Bergman. La primera es Sara, representada por dos personajes distintos (Sara de la juventud de Isak y una chica joven también llamada Sara, interpretada también por Bibi Anderson) a quien Isak recoge en el trayecto. Esta Sara actual, es el reflejo de la otra, símbolo de la mujer moderna, fuerte, alegre e independiente, y Borg se enamorará de ella como un amor de juventud. Sara antigua es una chica alegre y sencilla, quien acepta la vida sin condiciones y sin cuestionarse nada. Anders y Viktor se disputan su amor, simbolizando las dos posturas de Bergman ante la religión y la fe, la del creyente Anders, preocupado por Dios y por el sentido de la vida, y la del práctico Viktor, quien renuncia a cualquier misticismo para reflexionar sobre un sentido más de la lógica. Bergman plantea esta discusión sin posicionarse, de la misma forma como venía haciendo y haría en el resto de su filmografía, concluyendo que la existencia de dios no es lo más importante, sino el amor entre las relaciones de los seres humanos.

El profesor, finalmente, encuentra descanso en su interior, y así lo demuestra cuando estando en paz consigo mismo, le afirma a su hijo que su corazón ya se encuentra perfectamente. Borg hace las paces con su propio interior y con los fantasmas de su pasado, y Bergman lo simboliza en la escena final, en la que el profesor se despide de sus padres, quienes se encuentran a la otra orilla de un lago. El profesor se despide aquí de su pasado, preparado para mirar hacia delante sin miedo.

Bergman realiza en este film un análisis de las relaciones afectivas del matrimonio. Las distintas parejas que van aparecen en toda la historia son diferentes formas de ver lo que el matrimonio y las relaciones de pareja pueden llegar a ser.  Como extremo pesimista y cruel vemos el matrimonio Alman, una pareja que sufre un accidente y lo recogen por la carretera. El marido, machista que trata de ridiculizar a su esposa anulándola como inútil. Contraria a esta pareja, aparece otro matrimonio, el dueño de la gasolinera y su mujer, prototipo de la felicidad y la alegría de vivir, aceptando la vida tal como viene.

Para dar a la expresión del actor el máximo poder posible de expresión, el movimiento de la cámara debe ser simple, y además cuidadosamente sincronizado a la acción. La cámara debe intervenir como un observador totalmente objetivo, y sólo excepcionalmente puede participar en los acontecimientos. Por lo tanto debemos recordar que el medio de expresión más bello y mejor del actor es su mirada”. Este elemento es clave en la filmografía de Bergman.

Recursos técnicos podemos ver fundidos mezclados con música que evoca a sueños relacionados con su pasado, plano contraplano,  miradas fuera de campo, iluminación contrastada. El uso de los planos cortos es en Fresas Salvajes el centro de su estilo formal, igual que en toda su filmografía. Los personajes son analizados de forma detallada por la cámara. Ésta se detiene en sus rostros y escucha sus palabras, enfatizando la expresión de los sentimientos y el estado interior de estos personajes. En las conversaciones la cámara recorre el espacio vacío e inerte que se encuentra entre los personajes. El montaje hubiera destruido esta idea, y Bergman escogió enfatizar el espacio.

En varias ocasiones, la voz del doctor narra momentos de su vida tanto si aparece en campo como si no aparece en campo. En una de las escenas en la que el doctor habla con su madre, ésta le muestra un reloj de mano y Borg se queda un poco en lapsus al ver que el reloj no tiene agujas, la música de este momento evoca al momento del principio, cuando el doctor se acerca a la ataúd y se ve a él mismo muerto,  dejando a un lado así la importancia del tiempo.  Hay muchas escenas surrealistas, como cuando aparece la niña en la cuna de noche en medio del campo llorando, la joven se acerca a calmarla y se lleva al bebe a la casa, es una situación anormal en la vida real, dado que una cuna no va a estar entre árboles. Inmediatamente después, pasan unos pájaros y el doctor se acerca a la cuna, en ese momento vuelve a sonar la misma música que se comentó anteriormente, que evoca al tiempo. Otra escena que me llama la atención se produce cuando el doctor mira por una puerta que su hijo se ha reconciliado con la mujer, ésta se toca el piano y se retiran a cenar, y mientras cenan en la mesa se produce un fundido en el cristal de la puerta que se resuelve con el reflejo de las nubes. Posteriormente, vemos al doctor mirar la luna, y al instante se dirige a la misma puerta y toca para que le abran, pero le abre un señor que lo hace pasar para hacerle un examen, en esta escena también oímos la música anterior, que resulta bastante inquietante en todos los momentos en que se repite. Parece como si todo fuese real, el doctor parece tener cara de extrañado cuando ve a los jóvenes sentados en los bancos de la sala dirigiendo sus miradas hacia él. En este examen el profesor parece presentar dificultades de comprensión, visión y lectura, todo síntoma de la edad, la memoria, la mente le falla y le parece ver personas muertas que siguen vivas, pero al espectador le queda la duda si está muerta o realmente viva.  El profesor que lo evalúa lo nombra incompetente por egoísmo, insensibilidad, falta de consideración, quejas presentadas por su esposa, llevando su esposa años muerta. El profesor acompaña al evaluador y lo lleva al lugar en que está su esposa que aparece con otro hombre, vuelve a sonar en este momento la misma música inquietante, escena que el doctor revive en su mente, que vivió en su momento y oye las palabras que repitió su esposa. Las palabra aquí cobran unas emociones espeluznantes en el espectador, ya que hacen reflexionar y cuestionarse muchas cosas del sentido de la vida y las relaciones personales con el mundo de alrededor. Después del diálogo entre Borg y el evaluador, todo termina, y vemos un fundido despertando del sueño. Todo ha sido un sueño mientras va en el coche, tal como dice: “En aquellos sueños había algo poderoso que agobiaba mi conciencia de una manera insoportable”.

En definitiva, Fresas salvajes, es un film pesimista, pero plantea un mensaje de esperanza, feliz y positivo, sellándolo  con un sentido basado en el amor hacia los seres queridos. En ciertas ocasiones, nos podemos poner en la piel del protagonista, Borg podríamos ser cualquier de nosotros, totalmente centrados en nosotros mismos, para detenernos a amar a los seres de nuestro alrededor. La muerte es la única certeza de nuestra existencia y solo ante ella el hombre percibe sus limitaciones.  El espectador tiene que entender muy bien el cine de Ingman Bergman, porque más de una escena puede llegar a confundir y provocar malas interpretaciones.