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La confusión frente al espejo

La fotografía es un espejo de la realidad, pero no cabe duda que lo que se coloca delante de una cámara se somete a un proceso de manipulación. Igualmente, la fotografía es un medio de expresión de emociones y sentimientos, que se pueden manifestar de forma objetiva o subjetiva, y yo me decanto por la fotografía subjetiva, porque hace reflexionar hasta límites insospechados. Esta introducción la hago para presentaros esta obra fotográfica, que parte de una idea de la que llevo trabajando de forma introspectiva bastante tiempo. Y precisamente después de varios meses de espera, la propiedad intelectual me la ha inscrito bajo el número de asiento registral 04 / 2019 / 2327, con el título “La confusión frente al espejo”.
Por comentar algunas características, esta imagen fotográfica recibe inspiración de la pintura de René Magritte, el cine de Eduardo Chapero-Jackson y la obra de Joan Fontcuberta.

Corral Rey. La confusión frente al espejo

Ahora voy a descomponer las particularidades concretas que se han tomado de cada uno de ellos para obtener este resultado final. De Fontcuberta se ha tomado como referencia el espejo y la duplicidad que este elemento ofrece, es decir, el otro “yo” contra quien este individuo en cuestión expresa su particular conflicto y su disconformidad: consigo mismo, ante un elemento reflectante que funciona como testigo del límite de su desesperación. De René Magritte se ha extraído la idea de lo macabro, a través de la técnica de la ocultación del rostro, presentándose así una renuncia a mirarse a la cara y una tela de color rojo, que simboliza la sangre, la muerte y supone una forma de llamar la atención del espectador. Y como principal idea, se ha tomado de Eduardo Chapero-Jackson la obsesión de una persona por la perfección corporal, presente en su cortometraje “A contracuerpo”, protagonizado por Macarena Gómez.

Esta imagen ha sido divulgada en congresos de innovación docente (Innovagogia, 2018), superando la evaluación ciega por pares. Con este antecedente, también fue considerada de interés para pasar a publicarse en la revista Hekademos (revista educativa, 2018), superando igualmente la evaluación ciega, así como en un capítulo de libro de la Editorial Octaedro. En estas fuentes podéis consultar los objetivos, áreas del conocimiento en que se puede trabajar, pues guarda un interés educativo, ya que se pretende afrontar los trastornos de alimentación de anorexia y obesidad desde las enseñanzas obligatorias. Con el fin de disminuir la manipulación que ejercen los medios de comunicación para el continuismo de los cánones corporales estéticos establecidos. Extrapolada al contexto de las bonituras y las valoraciones de quienes la observen, me gustaría plantear una pregunta y a la vez una reflexión ¿Es bonita o fea?, pues no, no es bonita, ¿para qué nos vamos a engañar? Sin cultura y sin reflexión, la existencia humana apenas tendría sentido. Y, a fin de cuentas, yuxtaponiendo estos aspectos, en esta fotografía se proyecta una visión pesimista que alcanza lo suicida como consecuencia del no cumplimiento del canon de belleza estético en el cual la sociedad Occidental se observa. Hasta el límite de ansiar arrebatarse la vida, negarse la mirada a su propio rostro e infravalorarse a sí mismo.

 

Comentario A contra cuerpo

“A contracuerpo” es un cortometraje español escrito y dirigido por Eduardo Chapero-Jackson. Protagonizado por Macarena Gómez.  Este cortometraje forma parte de una trilogía llamada “A contraluz”, en la que también forma parte otros cortometrajes: “Alumbramiento” y “The end”, enfocados desde otra temática, y que, igual que este, merece la pena verlos ya que son muy interesantes, tanto desde el punto de vista argumental como desde el punto de vista del análisis audiovisual.

En este cortometraje vemos perfectamente reflejado el tema de la anorexia. Problema que en los últimos años afecta tanto a mujeres como hombres, obsesionados por convertirse en el prototipo físico que la sociedad en general y los medios de comunicación nos “imponen” para formar parte del “canon de belleza”.

El argumento no nos muestra más que una chica obsesionada con caber en un maniquí. Un maniquí con las medidas exactas que debe conseguir: 90-60-90. Medidas a las que ella se propone llegar para ser lo que los demás le han impuesto desde niña. Medidas, que queramos o no, hay que seguir para pertenecer el canon del belleza social. Belleza que aunque se puede tener, pero si además se tiene algún defecto físico, se repudia, se menosprecia y se termina desechando como si fuera una piltrafa.

A lo largo de la obra no oímos palabra. Como se suele decir “una imagen vale más que mil palabras”. No nos hace falta la voz para reflejar mejor el mensaje que nos quiere transmitir el director. Las palabras sobrarían en esta historia. Las imágenes nos conmueven, las lágrimas sabemos por qué se producen. Al ver ese cuerpo, endeble, con todas las costillas marcadas, casi muerta en vida, sin fuerzas,  su estado de soledad, sin nadie que esté con ella apoyándola.  Podemos percibir perfectamente que está sufriendo y entramos igualmente en ese estado de malestar tal que se nos cae el mundo encima.

El cortometraje muestra sobre todo primeros planos de la protagonista. Primeros planos que nos introducen en su mundo, nos meten en su mente, su vida, sus sentimientos, sus emociones. Y así, que el espectador sienta lo que está sintiendo ella en ese momento de su vida, además de lo que sintió cuando fue niña, como bien vemos en la serie de fotografías que se suceden.  A esto, acompaña que la sucesión de las imágenes se produce de forma muy lenta y pausada,  planos cortos y cerrados con cámara fija en ocasiones, para que el espectador se pueda parar y entrar en su vida. El espectador va entrando en un estado de suspense, nerviosismo por saber cómo terminará la historia, qué le pasará a la protagonista.

En muchos momentos del corto vemos un tono azulado. Un tono azulado, que como color frío, nos muestra esa frialdad de la sociedad que la ha humillado tanto. Esa sociedad que se deja llevar por el canon de belleza que le ha querido imponer toda su vida.  Esa sociedad sin sentimientos que la ha hecho llorar. Esa sociedad hipócrita que un día te quiere por cómo eres y otro día te tira a la basura.

Es muy significante la imagen del rostro de la protagonista: de sufrimiento, dolor, sentimiento de culpabilidad… que a diferencia del rostro de los demás personajes, como bien las mujeres de la tienda, que presentan un rostro frío, indiferente, un rostro que al final interpretamos como “este maniquí ya no lo queremos porque tiene una tara, que nos traigan otro”.

Así es la sociedad, hoy nos valora si somos como imponen, mañana nos desprecian, si no somos como desean.  Y esto seguirá así, si los medios de comunicación en general no dejan de discriminar a quienes tienen un defecto. Sin la correcta lectura de los medios de comunicación y la alfabetización mediática desde el colegio, los menores llegarán a ser mayores siendo los mismos que han estado siendo hasta ahora: imponiendo su canon de belleza en la sociedad y haciendo que quienes no sean como ellos, sigan padeciendo ese trauma psicológico, que en muchas ocasiones les llevará a la muerte natural o psicológica.