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Inspiración para matar (Michael Feifer, 2016).

Inspiración para matar es un film de nacionalidad estadounidense dirigido por Michael Feifer en 2016 en género de thriller psicológico.

Kara (Karissa Lee Staples) es una joven que se traslada a la ciudad de Los Ángeles para comenzar una nueva etapa de su vida. Aquí comienza a trabajar en una cafetería y a la par va a realizar un curso para perfeccionar su escritura, impartido por un importante profesor que le propone relaciones a cambio de ofrecerle colaboración para su próxima novela. En su lugar de trabajo, Kara encuentra una tablet y, al abrirla, descubre que pertenece a un hombre llamado Paul Reese (Antonio Sabato Jr.), un escritor de novelas de misterio. Ambos se conocerán y mantendrán una relación amorosa. Se conforman como un tándem, pues los deseos que siente y que ella lleva a las hojas de su libro, él los materializa con sus actos, pero nadie de su alrededor consigue ponerle rostro a este desconocido, pues se niega a que le presente a sus compañeros de trabajo, su arrendadora… y permanece así en la sombra para su entorno cercano.

Extrañada, Kara descubre que su profesor aparece fallecido por envenenamiento y también su jefe de la cafetería por despedirla, además de la señora que le alquiló la habitación. Sus hipótesis y coartadas apuntan a Paul como autor de los crímenes, como consecuencia posiblemente de sus celos, además de su intención de no compartirla, sino tenerla para él solo. Tras acudir a la policía, nuestra protagonista confiesa que los crímenes fueron cometidos por Paul Reese, aunque en su base de datos éste no es encontrado, realmente no existe. La joven acude a la mansión donde mantenían sus encuentros secretos y este individuo le confiesa que su alrededor no le puso rostro, no existe en realidad: los crímenes los llevó a cabo ella, como forma de inspiración para escribir, pero interiormente no lo admite. Y ello se nos da a conocer en un momento que nos suscita confusión, pues un cúmulo de dudas nos acechan: ¿quién se escondió en su habitación para no ser descubierto?, ¿quién llegó herido a su casa a altas horas de la madrugada, huyendo de un altercado callejero?, ¿en casa de quién ha estado manteniendo los encuentros amorosos?, ¿fue real la persona que le apareció en la pantalla de la tablet?

Finalmente, resulta significativo que su compañero de trabajo intenta ayudarla a comenzar una nueva vida y entre las cajas de la mudanza encuentra una Tablet en la que reproduce un vídeo: Kara se presenta y habla consigo misma a través de la pantalla, como si se tratase de dos personajes distintos, de forma similar a como se nos presentó que conoció al supuesto famoso escritor. Conectando estas cuestiones podemos pensar que fue ella misma quien lo tejió como un plan para engañar al espectador de primera mano, quizás de forma premeditada o posiblemente como trastorno psicológico, lo que respondería a no admitir o no tener conocimiento realmente de lo que ha llevado a cabo.

De este film resulta interesante la iluminación dura, que oculta el rostro de la protagonista y de forma simbólica también la faz del personaje con el cual mantiene los encuentros amorosos. De igual forma, podemos destacar la información que se nos rebela y nos perturba a la par, pues no hemos tenido conocimiento de la misma, al producirse lejos de la narrativa principal y maquillarse con la extrañeza y preocupación evidente de Kara. Incluso, a nivel textual las iniciales inscritas en la novela de quien creíamos el famoso escritor Paul K. Reese coinciden con su propio nombre y apellidos: P. Kara Reese. Como posible trastorno, la actriz principal hace un interesante papel, pues efectivamente resulta creíble su comportamiento de víctima. E incluso aparenta cierto rol de mujer inmersa en una relación enferma, rodeada de secretismo y celos. En cierta medida, también podemos entender su papel como el de una chica utilizada por su pareja como cebo para deshacerse de su alrededor y probablemente el prototipo de hombre maltratador.

En definitiva, os invito a ver esta película y que reflexionéis sobre los detalles que he podido extraer en este mini análisis.

 

 

Cine de sueños, sueños de cine

En una canción de Luis Eduardo Aute, cuyo título es “Cine, Cine”, oímos la frase: “Todo en la vida es cine, y los sueños, cine son”. Partiendo de estas palabras e indagando sobre películas en las que el sueño forma parte primordial en la historia, nos encontramos con numerosas y brillantes historias que nos hacen reflexionar sobre la función del cine ¿Es solo un acto social o tiene una función pedagógica? ¿Qué esconden los sueños?
En el terreno de los sueños, el cine nos incita a preguntarnos el por qué, qué nos pretende transmitir. Tal vez, pretenda mostrarnos que los sueños se pueden hacer realidad, al igual que se llevan a cabo en las innumerables historias. Sueños, tanto de amor, como de asesinato, de risas y de llantos, de entierros y fiestas. Cine, como la vida misma.
La vida filmada en un soporte de material, llamado nitrato de celulosa, o bien en digital, como se suele hacer actualmente, para ahorrar en gastos y en tiempo de producción.
Como ejemplos de sueños en el cine, podemos mencionar Fresas Salvajes (Ingman Bergman, 1957), La infancia de Iván (Andrei Tarkovsky, 1962), Ocho y medio (Federico Fellini, 1963), La semilla de diablo (Roman Polanski, 1968), Los sueños de Akira Kurosawa (Akira Kurosawa, Ishiro Honda, 1990), La trilogía Matrix (Hermanos Wachowski, 1999-2003), Camino (Javier Fesser, 2008), Cisne negro (Darren Aronofsky, 2010), Origen (Christopher Nolan, 2010).
Detrás de estos sueños, y otros muchos, hay un mundo de reflexión y aprendizaje para la vida. Aprendizaje que hace al ser humano reflexionar acerca de sus objetivos, su proyecto de vida, su dignidad, su juventud, su vejez, sus posibilidades, sus fuerzas, sus debilidades, sus egoísmos, sus odios, su vocación, su respeto a sí mismo y hacia los demás…, y un sinfín de cuestiones que pueden emplearse para enseñarse a uno mismo qué camino desea tomar, y acercarse a la conciencia y la crítica de la sociedad, para avanzar en el conocimiento, la ciencia, la vida.
Abrir las mentes, opinar temas que nos rodean, problemas, religión, política… No se trata de “quejarse” como dirían algunas personas, sino extraer de nuestro interior esa rabia y hablar, porque en silencio no se llega a buen puerto. Eso de decir “es lo que hay”, “no hay otra cosa”, “la política la hacen otros”…, mientras esos otros nos roban, nos ignoran, nos ningunean y nos chulean, es mejor dejarlo a un lado, porque no trae positividad ni lleva a la felicidad, solo a la resignación, pasividad, conformismo. Pero, mientras haya vida, hay ilusión, esperanza, para luchar por nuestros derechos. Sin embargo, no debemos dejarlo solo en sueños, debemos hacerlo realidad.
Os adjunto algunos videos de las producciones mencionadas anteriormente, que se basan en los sueños, espero que os guste y os hagan reflexionar.

Ocho y medio, Federico Fellini, 1963.

Fresas Salvajes, Ingman Bergman, 1957.

La infancia de Iván, Andrey Tarkovsky, 1962.

Matrix, Hermanos Wachowski.