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Libertad de expresión o protección de la infancia (Una película serbia, Srdjan Spasojevic, 2010)

Para esta entrada, voy a comentar a grandes rasgos un aspecto que trato con mayor profundidad en mi tesis doctoral, como es la integración de niños en contextos de agresividad extrema y a propósito de este tema creo que merece mucha atención el caso de A Serbian Film (Srdjan Spasojevic, 2010), que recibió varios premios a nivel internacional, pero en España fue denunciada ante la Fiscalía General del Estado, durante el Festival de Cine de Sitges. El director del Festival, Ángel Silva, fue acusado de un delito de exhibición de pornografía infantil, al permitir la aparición de menores en situación agresiva que, a su juicio, traspasan la legalidad, y en los que se puede ver la violación de un bebé y un niño de cinco años por parte de su padre, que se encuentra drogado por otros para rodar una película pornográfica por motivos económicos[1]. El fiscal se ampara en el artículo 189.7 del Código Penal, que expresa que será penado con prisión desde tres meses a 1 año, o bien con multa, quien distribuya, exhiba o facilite material pornográfico, aunque no habiendo empleado a menores, se utilice su voz o imagen modificada[2]. Además de esta diligencia, la Fiscalía pensó en requerir al director de la película para tomarle declaración y denunciarle, pero la demanda no prosperó por la dificultad de imputarle el delito y proceder a su localización, porque, no olvidemos que, la legislación en este tema es muy distinta en cada Estado, y se hubiese provocado un debate legal confuso, ante la nacionalidad serbia del director[3].

Ante esta situación legal, podríamos reflexionar y colocar en un peso la importancia de la protección de los niños frente a la libertad de expresión. Introducción en estos escenarios, quizás, con el objetivo de ofrecer una perspectiva metafórica ante ciertas cuestiones sociales y de peligro en el que se encuentran sometidos en muchas ocasiones por legislaciones deleznables que aún siguen vigentes en muchos países subdesarrollados. No obstante, este objetivo simbólico puede, y como ha hecho ya en algunas ocasiones, derivar a una serie de conflictos legales tanto del director de la película como de los directores de los festivales de cine en que es proyectada, ante la severidad y extremo de las precauciones de algunos países en cuanto a la protección de los menores, en donde primaría sus derechos, ante cualquier forma de simbolismo, representación, exhibición…en situaciones violentas, agresivas, dolorosas para los espectadores, ante su incapacidad y frustración de no poder introducirse, como es obvio, en ese escenario para hacer nada y salvar a ese niño de esa situación.

Bien es cierto que en estos casos se utilizan una serie de muñecos, efectos especiales, se sabe que el cine es mentira, es magia, caracterización, es ilusión e imagen en movimiento, es unión de elementos visuales y sonoros para conformar un discurso, una narración, una historia. Sin embargo, en este caso, la intención está en manifestar ese simbolismo, reflejar esa peligrosidad, violencia, agresión… en contextos sociales en los que no se consideran importantes, se usan como objetos, monedas de cambio, de economías y tratos familiares…

Simbolismo que tendría su sentido, en cierta manera, pero en este caso provoca malestar en el espectador, dificultaría el visionado por parte del público, ya que no sería una película agradable a la vista, ni proyectada en un cine, por los delitos legales que conlleva, estas escenas provocarían rechazo visual, inconscientemente el espectador no podría mirar a los ojos a ese niño, se pone en ese papel y no se imagina qué hacer para protegerse, salvaguardar su integridad física y psicológica, es un inocente, un niño que desconoce como actuar, cómo pensar, se fía de lo que le dicen, le hacen, le transforman, le moldean, a voluntad de los adultos, movidos por preocupaciones, sensaciones, intereses personales muy lejanas a los de un inocente.  Más allá del mérito en cuanto a diálogos, guión, elementos visuales, sonoros, narrativos, montaje, movimientos de cámara, vestuario, atrezzo, decorados…, todo muy trabajado, posiblemente, pero  nada más que con leer el argumento, comentarios de algunos blogs y conocer que en esta historia se introduce una criatura de pocos meses y un niño de 5 años en un escenario tan deplorable y humillante para el ser humano, produce dolor, pena, vergüenza, miedo, pudor, compasión… y todo un cúmulo de sentimientos que se hacen manifiestos con lagrimones cayendo por los ojos.

Comprendo que, como analista, debo visualizar una película antes de comentarla, pero personalmente no tengo estómago para ser partícipe de estas imágenes, porque no voy a valorar ni examinar el contenido narrativo, técnico, sino que, teniendo esa información a priori acerca de esas situaciones de los niños, me voy a dejar llevar por los sentimientos y no voy a tener un rato agradable y la sensiblidad me va a aflorar rápidamente. Cosa diferente sería que el niño tuviese mayor edad, aunque tampoco le encontraría justificación, pero al menos una criatura que puede actuar e intentar defenderse de alguna manera, aunque le resultase imposible física o psicológicamente, pero a tan corta edad, me superaría emocionalmente la sensación de aberración humana de incesto que nos transmite esta historia.

 

[1] Agencia de noticias Europa Press. (06/11/2010). La película ‘A serbian film’, prohibida por un Juzgado, recibe el premio del público. Enlace disponible: http://www.elmundo.es/elmundo/2010/11/05/paisvasco/1288966768.html

[2] Savall, C., y Albalat, J. G. (11/11/2010) Un fiscal estudia si hubo delito por proyectar ‘A serbian film’ en Sitges. Enlace disponible: http://www.elperiodico.com/es/noticias/cultura-y-espectaculos/20101111/fiscal-estudia-hubo-delito-por-proyectar-serbian-film-sitges/586757.shtml

[3] Ríos, Pere. (01/03/2011). El fiscal denuncia al director del Festival de Sitges. Enlace disponible: http://elpais.com/diario/2011/03/05/cultura/1299279606_850215.html

Pájaros de papel, Emilio Aragón.

Pájaros de papel es una película de Emilio Aragón. No es un clásico, pero es una película con una historia emotiva. Ganadora del Goya a la mejor dirección Nobel.

La historia nos recuerda a las primeras obras de Federico Fellini por ejemplo, en las que personajes pertenecen a compañías de artistas ambulantes.

François Truffaut escribió en mayo de 1957, que los jóvenes cineastas en un futuro se expresarían contando sus vivencias como si se tratase de diario íntimo y  que las películas en definitiva serían un acto de amor. Esto es lo que intenta Emilio Aragón con esta película, contarnos una historia cercana a nosotros, con la que sentirnos identificados, tal vez nosotros no, pero si nuestros padres y generaciones anteriores, que por desgracia les tocó vivir en esta época con todo lo que ello conllevaba.

El músico Jorge del Pino, el ventrílocuo Enrique Corgo, la cupletista Rocío Moliner y el pequeño huérfano Miguel, forman una familia de artistas dedicada al vodevil. Aunque les ha tocado vivir en una mala época, intenta pelear cada día contra cualquier miseria a base de golpe de risa. Tendrán que tomar decisiones importantes en sus vidas.

Se analiza, a veces con matices crueles e inmorales, los primeros años cuarenta, que tanto en esos años como a día de hoy en el poder, no quieren que olvidemos.  Los niños se ven inocentes frente a la cámara, frente al teniente falangista-franquista Quiroga, con una presencia agresiva y odiosa. Me ha resultado muy interesante la interpretación de Carmen Machi, acostumbrada a verla en Aída, a verla en esta película cantando pues es un cambio gigante.

Una película recomendable que nos muestra una época, unas circunstancias y  unas personas, que sin duda marcaron la historia de nuestro país a día de hoy. La única negativa es que hay demasiados personajes en la historia, algunos innecesarios para la resolución de los puntos de inflexión, y que se van perdiendo a lo largo de la historia. Los personajes en sus espectáculos parodian el estribillo de la canción “No se puede vivir con un Franco”.

También es verdad que el conjunto sufre un fuerte desequilibrio, sobre todo al final de la trama, cuando cuenta de forma apresurada el viaje de los protagonistas rumbo al exilio en Argentina. Es emocionante el final, en el que Miguel habla y cuenta  anécdotas ante el micrófono. La última secuencia, una de las más emocionantes, además de un sentido homenaje del cineasta a la figura de su padre, Emilio Aragón Bermúdez, el popular Miliki, y nos devuelve algo importante: la capacidad de soñar.

Mayoritariamente, vemos iluminaciones oscuras, acompañado de vestuarios sobre todo oscuros, por lo que da la sensación de película triste, dramática. Aunque vemos alguna que otra prenda en color rojo que contrasta con los tonos oscuros del resto del vestuario y la iluminación oscura de los escenarios. Estos tonos rojos, pueden ser códigos visuales que apelen a partidos políticos. Uno de los sitios en los que vemos algo de claridad es en el convento de las monjas donde se encuentra la madre del Miguel.  Planos sobre todo cortos y  medios, planos generales para los paisajes.

Una película necesaria para hacernos recapacitar, con paralelismos entre aquellos tiempos y la época en la que nos encontramos actualmente, en la que constantemente los grandes cargos del gobierno nos prohiben nuestra libertad de expresión e ignoran nuestros derechos fundamentales y universales como seres humanos.